Juntos hasta el último minuto

Por Beatriz García

Por Beatriz García

Mi piel recuerda sentir la fría oscuridad dominando cada uno de mis sentidos, mientras pasaban los minutos el oxígeno se apagaba y poco a poco veía irse mi vida, fue en ese momento cuando recordé lo que había pasado, estaba en una fiesta junto a mis compañeros de universidad.

En la fiesta había conocido a una chica muy rara, no quería bailar, tomar o hacer algún acto que sería algo normal en una fiesta. Al pasar de las horas, viéndola me acerqué para preguntarle si todo está bien.

“Hola” Dije con voz tímida, ya que me puso algo nervioso lo bella que era.

“Hola” Ella contestó con una dulce y cortante voz.

“Perdona, me llamo Beto Domínguez” Quería saber cómo se llamaba, pues me había interesado bastante.

“No te tengas cuidado”, dijo,  mirándome y sonriendo con una dentadura blanca con las perlas y perfecta como el universo. “Me llamo María del Barrio”,

“¿Tu apellido es un poco fuera de lo común no?” Decía mientras me sentaba junto a ella. “Y no quisiera ser muy directo, pero María te queda tan bien”

Sonrió y me miró con sus bellos ojos de lucero, parecían brillantes soles en su suave y delicada cara.

“¿Eso crees?” Decía mientras se sonrojaba, pude notar que sus labios eran rojos como una fresa y que sus manos eran como las de una rosa suaves, que su cabello era tan sedoso y brillante como una mañana de verano.

Ese perfecto tiempo con ella hizo que me olvidara por completo de la fiesta y solo me fijé en verla y halagar en todo momento. Tuvimos una conversación amena  y encantadora, sentía que cada una de sus palabras llenaba mis oídos de melodías.

Al cabo de un rato, ella dijo sentirse un poco cansada, y que ya era hora de regresar de donde vino, ahora que lo pienso, esas palabras me hicieron estremecer todo mi cuerpo, aunque era inevitable sentirme cómodo con su presencia. Yo acepté en llevarla a su casa, ya eran más de las 12, y a esa hora es difícil buscar transporte.

Eres muy amable y caballeroso, nunca me habían prestado tanta atención como la tuya, eres encantador aunque no quisiera que dañes mí corazón como lo ha hecho  un hombre que robo mí corazón solo para destrozarlo en un par de segundos. Terminó con lágrimas en sus ojos, pude sentir la tristeza que recorría todo su ser, aunque no me atreví a preguntar quién era ese hombre o saber más sobre su historia, solo dije:

Nunca voy a lastimar  a una linda mujer como tú, has cambiado la manera de ver las cosas en unas horas, a mí también me destrozaron el corazón pero quisiera que ambos intentemos ser algo más, tal vez una amistad y con el tiempo ambos junto con nuestros corazones se sentirán de nuevo felices.

Con un cambio de humor dijo “Sé que eres diferente pero solo tengo miedo de enamorarme de nuevo, es algo que temo sentir una segunda vez, pero sé que tú eres diferente, que eres un hombre con sentimientos bellos y nunca serías capaz de lastimar a una mujer, acepto tu propuesta pero tomara tiempo”.

Le ofrecí mí mano para que subiera a la moto, y dije:

“Nada me haría más feliz que estar a tu lado toda la eternidad”.

Subí a la moto para llevarla a su casa, al cabo de un rato de manejar ella me dijo:

“Estaremos juntos toda la eternidad hasta el fin de los tiempos”

Mi cuerpo volvió a sentirse  congelado mientras me acercaba a un acantilado bastante profundo, vi toda mi vida pasar en un segundo, mientras que ella desaparecía la moto llegaba al fondo de aquel precipicio.

Al despertar me encontré en un lugar pequeño, estaba acostado boca arriba, sentía un olor fuerte, recordé que mí teléfono lo guardaba al bolsillo, y al encenderlo vi con la linterna el cuerpo descompuesto de ” María “.

En su pecho noté un agujero en donde estaba completamente vacío, al intentar ver de cerca, una gran multitud de gusanos y moscas salían del interior. Estaba gritando pidiendo ayuda pero nadie me escuchaba, intenté llamar a algún familiar pero no había señal, y de un momento a otro se apagó. Estaba asustado, me sacudía para alejar aquellos insectos. Mientras notaba que estaba a punto de dar mí último respiro…. La voz de María me susurró… “Juntos… Por toda la eternidad”.

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